La experiencia de sentir el Atleti, es algo que debe ser similiar al sentimiento que los aficionados al fútbol del resto de equipos deben sentir por sus respectivos colores.
Los aficionados al Atleti, y muchos titulares de prensa, parecen indicar que el amor a nuestras rayas rojas y blancas, es distinto y superior al resto, pero eso, en un principio, no tiene por donde sostenerse.
Lo que sí que se puede afirmar con certeza, es que el ser seguidor de un equipo de fútbol, proporciona al individuo de un firme sosten vital sobre el cual verter sus pasiones y sueños. La incertidumbre futbolera, marcada por resultados inesperados, e ilusiones renovadas cada año, suponen una dosis de fuerza primaria que quizás sea parecida a las situaciones producidas por nuestros ancestros a la hora de necesitar jugarse la vida día a día para conseguir comida, sin conocer el resultado final hasta llegada la noche en la cueva..
Quiere decirse, que la pasión por unos colores, al cabo de los años, acaba por convertirse incluso en una seña de identidad propia, donde llevados por un destino común, en forma de historia deportiva de un equipo de fútbol, nos identificamos con unos colores como si de una forma de vida se tratase.
No es bueno ni deseable, traspasar los límites que suponen el conocer el origen de nuestra pasión por un equipo, haciendo de ello nuestro santo y seña, ya que puede degenerar en falta de realismo, pérdida de la concepción de lo realmente vital, e incluso, lamentablemente en casos mas extremos, el uso de la violencia.
Pero toda vez que se tiene conciencia de no superar dichos límites, es bonito sentirse identificado, ilusionado e integrado dentro de un clan que comparte tu afición.
Ocurre, que los sistemas se degradan y se vician con el paso de los tiempos y los acontecimientos.
Ocurre que se puede comenzar a montar un portal de Belén cuando se es pequeño, consistente en un par de pastores, un nacimiento, y un infantil río de papel de plata, y a base de crecimiento y sofisticación, de adultos, hayamos acabado contruyendo un Belén plagado de efectos de luces, figuras en movimiento, torrentes espectaculares de agua, pero se nos ha olvidado poner al niño Jesús.
Con mi Atlético me ocurre lo mismo. Llega un momento, en el cual, el sentimiento primitivo y sencillo de identificación con el equipo, con el ser Atlético, se va mellando no ya por los resultados, sino por la sensación de estar apoyando una empresa particular con sus beneficios y pérdidas.
No tengo ningún sentimiento de rencor hacia los dirigentes del Atlético de Madrid, sino mas bien, creo que todo lo que ocurre es producto de una secuencia de hechos casi lógica, producida por el poder del dinero, representantes deportivos, etc..
Ello no impide, que la venta del Vicente Calderón, por ejemplo, me produzca una tremenda depresión y tristeza, no compensada con promesas de "puñetas".
En estas tribulaciones me hayaba, cuando me topo con la creación del Atlético Club de socios, un equipo de aficionados, que aman los colores rojiblancos, y empiezan de cero..
Se regeneran en mí ciertas sensaciones, y cierta paz, que no sé porqué, me empuja a ayudar a ese equipo.. me siento bien...
Voy a colaborar desde la distancia, porque tras mi familia, mi salud, mi estabilidad económica, y todo lo realmente vital, necesito el "veneno" rojiblanco, pero "puro"..
Ya os iré contando...
viernes, 27 de noviembre de 2009
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